La crisis del sistema de la la Restauración I (1902-1923)

EL REGENERACIONISMO INICIAL DEL REINADO DE ALFONSO XII. 

Los primeros años del reinado de Alfonso XIII estuvieron marcados por los intentos de reforma o regeneración, promovidos por quienes, desde dentro y desde fuera del Gobierno, clamaban por una renovación moral de la vida social y política que acabara con el caciquismo y el falseamiento electoral. Dentro de las corrientes reformistas o regeneracionistas pueden diferenciarse varias tendencias: 

· Desde el propio sistema de la Restauración. Tuvo gran importancia hasta 1912 y se basaba en la crítica de los aspectos más visibles y negativos de la vida política: el fraude y la manipulación electoral. Destacaron Franciséo Silvela y Antonio Maura por parte del Partido Conservador y José Canalejas por parte del Partido Liberal. Todos ellos trataban de hacer una revolución desde arriba, desde el poder, para evitar que se produjera una revolución desde abajo.

· Desde los partidos marginados del sistema. El sentimiento de no haber sabido aprovechar la crisis del 98 para poner fin a la hegemonía de los partidos dinásticos colocó a las fuerzas de la oposición ante la necesidad de renovar profundamente sus idearios, sus organizaciones y sus dirigentes. Su objetivo era movilizar a la opinión pública para desbancar definitivamente a los partidos del turno. 

· Desde el regeneracionismo intelectual y literario. Sus principales representantes fueron Unamuno, Ganivet, Maeztu, Ortega y Gasset..., que reflexionaron sobre la decadencia de España y la necesidad de regeneración, y Joaquín Costa, que proponía reformas económicas y educativas para modernizar la sociedad. 

PRINCIPALES MEDIDAS ADOPTADAS

El reformismo conservador 

Desde el Gobierno, Maura intentó regenerar el sistema a partir de la formación de una nueva clase política que tuviese el apoyo social de las llamadas masas neutras, indiferentes hasta entonces a la participación política,e impedir así un excesivo protagonismo de las clases populares. 

Su proyecto pretendía poner fin al caciquismo con la Ley electoral de 1907,  reforma que estableció el voto obligatorio y más controles sobre las juntas electorales. Además, introducía la elección automática cuando solo había un único candidato en un distrito, lo que acabó favoreciendo el caciquismo.

Con la Ley de Administración Local, también pretendió integrar el catalanismo a partir de la concesión de una mayor autonomía a ayuntamientos y diputaciones, y del reconocimiento de las regiones. 

Por otra parte, se adoptaron medidas proteccionistas para impulsar la actividad industrial española y se mejoró la legislación laboral (accidentes, condiciones de trabajo, descanso dominical...) y se creó el Instituto Nacional de Previsión (1908). 

El talante autoritario de Maura, su falta de entendimiento con el Partido Liberal y, sobre todo, la dura represión de la Semana Trágica, provocada por el reclutamiento de tropas para Marruecos en 1909, supusieron el fin de su principal etapa al frente del Gobierno.

El reformismo liberal

Se llevó a cabo bajo el liderazgo de José Canalejas, con la intención de atraerse a los sectores populares y limitar el poder de la Iglesia:

Planteó la separación entre Iglesia y Estado, y limitó la implantación de órdenes religiosas mediante la "Ley del Candado". 
-Proyectó una Ley de Mancomunidades, que permitía que varias diputaciones provinciales se unieran para la gestión de servicios públicos, intentando contentar así a los regionalismos y nacionalismos.
-Sustituyó los impopulares consumos por un impuesto sobre las rentas urbanas.
-Con la Ley de reclutamiento (1912), este pasaba a ser obligatorio en tiempos de guerra y se suprimió la redención en metálico.
-Se realizaron leyes laborales, mejorando los contratos.

Canalejas fue inflexible con las protestas obreras de 1911 y 1912, y fue finalmente asesinado por un anarquista, y  la división en facciones de los distintos partidos del turno acabó poniendo fin al intento de regeneracionismo desde dentro del sistema.

EVOLUCIÓN DEL REPUBLICANISMO Y DEL NACIONALISMO

Republicanismo

Era la principal fuerza de oposición parlamentaria, cobrando fuerza sobre todo en las zonas urbanas, entre sectores de la burguesía librepensadora y amplias capas populares. En 1903 los diferentes partidos republicanos formaron la coalición Unión Republicana, triunfando en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia.

Para oponerse al acercamiento entre republicanismo y catalanismo nació posteriormente el Partido Radical, de Alejandro Lerroux, con importante apoyo en Barcelona y con un discurso anticatalanista, demagógico y anticlerical, moderándose en momentos posteriores a la Semana Trágica (1909).

Como respuesta a la represión gubernamental en la Semana trágica se constituyó la Conjunción Republicano-Socialista, que integraba  a grupos republicanos y al PSOE, que consiguió así a su primer diputado en 1910. Por otro lado nació el Partido Reformista, de Melquíades Álvarez y con intelectuales como Ortega y Gasset o manuel Azaña, partido más moderado pero que buscaba una auténtica democratización.

Nacionalismo

Se incrementó notablemente en Cataluña y País Vasco a partir del desastre del 98.

En Cataluña tenía gran fuerza en las elecciones municipales la Lliga Regionalista, de Cambó y Prat de la Riba, lo que alarmó al ejército y provocó disturbios de algunos militares contra algunas publicaciones satíricas. El gobierno apoyó al ejército otorgándole la jurisdicción sobre los delitos contra la nación y el ejército. Esto provocó la unión de las fuerzas republicansa federales y  catalanistas en una coalición denominada Solidaridat Catalana, que obtuvo victorias electorales frente a los partidos del turno. A partir de 1914 la Liga controló la Mancomunidad de Cataluña, comportándose con un caracter moderado y colaborando con el gobierno central frente a los disturbios sociales que se produjeron en Cataluña (pistolerismo). Esto provocó la aparición de fuerzas nacionalistas más radicales, como Estat Català, de Francesc Macià.

En el País Vasco el nacionalismo incrementó su presencia electoral y su influencia social. El PNV atrajo a la burguesía hacia el nacionalismo con un discurso defensor del orden y la riqueza nacional, y pasó a denominarse Comunión Nacionalista Vasca, con dos tendencias dentro del partido: los Aberri, más independentistas, y otros más partidarios de la autonomía. Ambos volvieron a unirse en 1930 bajo la denominación de PNV.

Otros regionalismos se manifestaron en grupos o partidos políticos como A Nosa Terra (1916), Unió Valencianista Regional (1918) o Acción Regionalista de Aragón. El andalucismo empezó a forjarse en torno al Ateneo de Sevilla y la revista Bética. Blas Infante fundó el primer Centro Andaluz en Sevilla (1916) y participó en la I Asamblea regionalista andaluza celebrada en Ronda en 1918, donde se definieron los símbolos y las aspiraciones autonomistas del andalucismo.

REPERCUSIONES DE LA I GUERRA MUNDIAL Y LA REVOLUCIÓN RUSA

Repercusiones económicas de la I GM

Ante el estallido de la guerra (1914-1918), España adoptó una posición oficial de neutralidad. A pesar de todo, la opinión pública se dividió entre aliadófilos (partidarios de Francia y el Reino Unido), 
básicamente liberales y progresistas, y germanófilos (partidarios de los imperios centrales), grupo formado por los sectores más conservadores. 

La neutralidad favoreció cierto auge económico del Estado, puesto que las necesidades de los contendientes europeos provocaron una gran demanda de productos mineros, agrarios e industriales (téxtiles, maquinaria...). En realidad, el aumento de las exportaciones favoreció la proliferación de negocios especulativos y enriqueció rápidamente a los empresarios e intermediarios, que no invirtieron en mejorar el sistema productivo, ni hicieron repercutir sus beneficios sobre los salarios. La situación no fue tan favorable para las clases bajas, que tuvieron que enfrentarse al alza de precios y la carencia de algunos productos desviados a la exportación. El deterioro de la capacidad adquisitiva de los trabajadores generó una fuerte conflictividad social que afectó profundamente al sistema.

La crisis de 1917

A comienzos de 1917, en España existía una situación de descontento social que se vio agravada por la coyuntura de la Primera Guerra Mundial, que supuso un empeoramiento del nivel de vida de las clases populares en un momento de grandes beneficios empresariales.

La crisis estalló en marzo de 1917, cuando la CNT y la UGT convocaron una huelga para protestar ante el encarecimiento de los productos de primera necesidad. Ante esta situación, el Gobierno de Dato suspendió las garantías constitucionales, clausuró las Cortes e impuso la censura de prensa. Durante el verano de 1917, el Gobierno tuvo que hacer frente a una crisis generalizada:

·Las organizaciones sindicales UGT y CNT convocaron una huelga general para contener los precios (conflicto obrero). 

· Los militares, en desacuerdo con el sistema de ascensos de los oficiales, conseguidos mayoritariamente por méritos de guerra y que beneficiaban a los militares africanistas, se organizaron en unas Juntas de Defensa (conflicto militar).

· Los partidos opositores se reunieron en la Asamblea de Parlamentarios, convocada por La Lliga Regionalista (Barcelona, 5 julio de 1917), en la que reclamaron la formación de un gobierno provisional, la celebración de Cortes Constituyentes para elaborar una nueva Constitución y la descentralización del Estado (conflicto político). 

La reacción del Gobierno fue represiva: la huelga obrera fue duramente reprimida por el ejército y se encarceló y sometió a consejo de guerra a los miembros del comité de huelga. Las Juntas de Defensa militares fueron disueltas y el Gobierno prohibió la reunión de diputados y senadores convocada para el 19 de julio, que fue finalmente disuelta por la Guardia Civil. 

La acción conjunta de los tres conflictos podría haber provocado la quiebra del sistema de la Restauración. Sin embargo, cada uno se organizó por separado y defendió posiciones contrapuestas. 

Ante el peligro de una revuelta y de la ruptura del país, el ejército apoyó a la monarquía y la oposición de la burguesía, representada en la Asamblea de Parlamentarios, también retrocedió ante el miedo a la revolución social. El fracaso del movimiento permitió que el sistema se mantuviese durante cinco años más.

La radicalización obrera: "pistolerismo" y "trienio bolchevique"

A partir de 1917, el PSOE se vio inmerso en un creciente proceso de radicalización que explica su participación en las huelgas generales convocadas ese mismo año. En esa época, el partido experimentó un importante debate interno en torno a las consecuencias de la revolución soviética. Su rechazo a integrarse en la Internacional Comunista promovida por Lenin provocó una escisión en 1921, que fue el origen del Partido Comunista de España (PCE) cuyos líderes más destacados fueron José Díaz y Dolores Ibárruri.

La coyuntura de crisis y los acontecimientos internacionales influyeron en el movimiento obrero. En Barcelona, pero también en otras ciudades como Bilbao, Zaragoza, Madrid o Valencia, los conflictos obreros degeneraron en un activismo violento y algunos grupos anarquistas atentaron contra las autoridades, los patronos y las fuerzas del orden.  A su vez, los empresarios contrataron a pistoleros a sueldo para atentar contra los dirigentes obreros y crearon el Sindicato Libre para contrarrestar la fuerza cenetista. A este periodo se le conoce como la época del pistolerismo (1918-1923). Desde el gobierno civil se encubrió a los pistoleros de la patronal, se ejerció una dura represión contra los sindicalistas y se puso en práctica la denominada Ley de Fugas, que permitía disparar contra los detenidos en caso de que intentaran huir.

Entre 1918 Y 1921 también se produjeron movilizaciones en el Sur de España, principalmente en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Se exigía el reparto de tierras para los campesinos siguiendo el ejemplo de la Revolución rusa, por lo que ese periodo se conoce como trienio bolchevique. Promovidas fundamentalmente por grupos anarquistas, las revueltas incluían la ocupación de tierras, la toma de ayuntamientos y la formación de comités de huelga. El Gobierno reaccionó declarando el estado de guerra, encarcelando a los líderes campesinos e ilegalizando las organizaciones obreras.

La guerra de Marruecos

Tras el desastre de 1898 y después de un primer momento de retraimiento de su política colonial, a partir de 1906, España inició su penetración en el Norte de África. La conferencia de Algeciras (1906) y el posterior Tratado Hispano-Francés (1912) supusieron el establecimiento de un protectorado franco-español en Marruecos. 

A España se le concedió una franja en el Norte, el Rif, y un enclave en la costa atlántica (Ifni y Río de Oro). La presencia española en esa zona se vio estimulada tanto por intereses económicos (mineros, inversiones en ferrocarriles, obras públicas, etc.) como por la voluntad política de restaurar el prestigio del ejército, que pretendía convertir España en una nueva potencia colonial. 

Sin embargo, la presencia española en esta área fue contestada por las tribus bereberes (cabilas). Los continuos ataques de los rifeños obligaron a mantener una fuerte presencia militar española, que se intensificó a partir de 1909, cuando en unas operaciones militares destinadas a asegurar la plaza de Melilla, los rifeños infligieron una importante derrota a las tropas españolas en el Barranco del Lobo, donde ocasionaron numerosas bajas. Se decidió entonces incrementar el número de soldados españoles en el Rif para evitar la caída de Melilla. Para ello, el gobierno ordenó el envío de tropas integradas por reservistas, muchos de ellos casados. 

Este fue el detonante de la conocida como Semana Trágica en Barcelona: movimiento de protesta popular apoyado por anarquistas, socialistas y republicanos contra el reclutamiento de quintos y reservistas, que siempre afectaba a los más pobres, que no podían pagar la redención en metálico. El gobierno de Maura recurrió al estado de guerra, con una represión muy dura: 1500 consejos de guerra y 17 condenas a muerte, entre ellas la del pedagogo libertario Ferrer Guardia.

El dominio del protectorado de Marruecos era fuertemente sostenido por una parte del ejército, los llamados militares africanistas, y por el propio Alfonso XIII. Empresas españolas también mostraron interés por la construcción de ferrocarriles y la explotación de los recursos mineros de la zona. Por el contrario, la opinión pública no entendía que España interviniera en una zona tan pobre, arriesgándose a iniciar una nueva guerra. 

Después de los incidentes acaecidos en 1909 hubo un segundo momento crítico en el verano de 1921, cuando las tropas españolas iniciaron un avance desde Melilla con el fin de consolidar la ocupación del territorio. La acción, mal dirigida y planificada por el general Silvestre, pero que contaba con el visto bueno del rey, finalizó con una derrota en Annual. Los ataques y emboscadas contra las tropas españolas, inexpertas y dispersas en multitud de pequeñas fortificaciones, dieron lugar a una retirada masiva y desordenada que ocasionó más de l0 000 muertos en el ejército español, entre ellos el general Silvestre. 

El desastre de Annual provocó una terrible impresión en una opinión pública que ya era contraria a la guerra. Hubo grandes protestas y los diputados republicanos y socialistas reclamaron en el Parlamento el abandono de Marruecos y la petición de responsabilidades sobre los hechos. La comisión militar de investigación, presidida por el general Picasso, puso de manifiesto grandes irregularidades, corrupción e ineficacia, tanto en el ejército español destinado en África como en el Gobierno. 

Socialistas y republicanos plantearon la posible responsabilidad del rey, con quien el general Silvestre tenía relación directa. En septiembre de 1923, poco antes de que el Congreso emitiera su dictamen sobre el informe (Expediente Picasso), el golpe de Estado de Primo de Rivera impidió conocer las conclusiones de la investigación sobre el desastre de Annual.

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