Textos sobre la Revolución rusa

  • LA ABDICACIÓN DEL ZAR:
“Ruzski vino a verme por la mañana y me leyó su larguísima conversación por cable directo con Rodzianco. Según ésta, la situación era tal que en Petrogrado cualquier ministro de la Duma carecía de poder para hacer cualquier cosa, puesto que tenía que luchar contra el Partido Socialdemócrata, representado por el comité de trabajadores. Se exige mi abdicación. (...) En esencia lo que dicen es que para salvar a Rusia y mantener en calma al ejército en el frente, debe darse ese paso. Yo he aceptado. Desde el cuartel general han enviado el borrador de una proclama. Por la tarde llegaron de Petrogrado Guchkov y Shulgin, con quienes discutí el asunto y a quienes hice entrega de la proclama firmada y corregida. A la 1.00 de la madrugada del día 16, abandoné Pskov con el corazón destrozado debido a todo lo ocurrido. A mi alrededor sólo hay traición, cobardía y engaño.”
Nicolás II. Fragmento de su diario íntimo, tras su abdicación.

  • EL MARXISMO-LENINISMO:
"Está claro que todo el poder debe pasar a los Soviets. Debe ser también indiscutible para todo bolchevique que un Poder proletario revolucionario (o bolchevique, pues hoy es lo mismo), tendría aseguradas las mayores simpatías y el apoyo abnegado de los trabajadores y explotados del mundo entero en general, de los países beligerantes en particular y, sobre todo, entre los campesinos rusos. No merece la pena detenerse en estas verdades, harto conocidas por todos y demostradas hace ya mucho.
En lo que sí hay que detenerse es en algo que seguramente no está claro por completo para todos los camaradas, a saber: que el paso del poder a los Soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada. Podría creerse que esto es evidente pero no todos se han parado ni se paran a meditarlo. Renunciar hoy a la insurrección armada significaría abjurar de la consigna principal del bolchevismo (¡Todo el poder a los Soviets!) y de todo el internacionalismo proletario revolucionario en general."
Lenin. Consejos de un ausente. 8 de octubre de 1917.

  • LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE
Semejantes a un río negro que llenara toda la calle, sin cantos ni risas, pasábamos bajo el Arco Rojo, cuando el hombre que marchaba justo delante de mí dijo en voz baja: "¡Cuidado, camaradas! No hay que fiarse de ellos. Seguramente que van a disparar."

Al otro lado del Arco avanzamos corriendo, agachándonos y encogiéndonos todo lo que podíamos, para reunimos después detrás del pedestal de la columna de Alejandro.

-¿Cuántos muertos habéis tenido? -les pregunté.

-No sé, unos diez . . .

La tropa, que se componía de varios centenares de hombres, descansó algunos minutos, apretujada detrás de la columna, recuperó la calma y después, como no tuviera nuevas órdenes, volvió a avanzar espontáneamente. Gracias a la luz que brotaba de las ventanas del Palacio de Invierno, yo había logrado distinguir que los dos o trescientos primeros eran guardias rojas, entre los cuales se hallaban mezclados solamente algunos soldados. Escalamos la barricada de maderos que defendía el Palacio y lanzamos un grito de júbilo al tropezar en el otro lado con un montón de fusiles, abandonados allí por los junkers. A ambos lados de la entrada principal las puertas estaban abiertas de par en par, dejando salir la luz, y ni una sola persona salió del inmenso edificio.

La oleada impaciente de la tropa nos empujó por la entrada de la derecha, la cual conducía a una vasta sala abovedada, de muros desnudos: la bodega del ala Este, de donde partía un laberinto de corredores y escaleras. Guardias rojas y soldados se lanzaron inmediatamente sobre grandes cajas de embalaje que se encontraban allí, haciendo saltar las tapas a culatazos y sacando tapices, cortinas, ropa, vajilla de porcelana, cristalería . . . Uno de ellos mostraba con orgullo un reloj de péndulo de bronce que llevaba colgado de la espalda. Otro había incrustado en su sombrero una pluma de avestruz. El pillaje no hacía más que comenzar cuando se escuchó una voz: "¡Camaradas, no toquéis nada, no agarréis nada, todo esto es propiedad del pueblo!" Inmediatamente repitieron veinte voces: "¡Alto! ¡Volved a ponerlo todo en su lugar, prohibido agarrar nada, es propiedad del pueblo!" Las manos se abatieron sobre los culpables. Los tejidos de Damasco, las tapicerías, fueron arrebatadas a los saqueadores; dos hombres se hicieron cargo del reloj de bronce. Los objetos, bien o mal, fueron colocados otra vez en sus cajas y algunos de los propios soldados se encargaron de montar la guardia. Esta reacción fue sumamente espontánea. En los corredores y las escaleras, debilitadas por la distancia, se escuchaba repercutir las palabras: "¡Disciplina revolucionaria! ¡Propiedad del pueblo!"

Nos dirigimos a la entrada izquierda, en el ala Oeste. También allí se restablecía el orden.

-¡Evacuad el Palacio!- vociferaba un guardia rojo-. Vamos, camaradas, ¡demostremos que no somos ladrones y bandidos! Todo el mundo fuera de Palacio, con excepción de los comisarios, hasta que se coloquen los centinelas.

Dos guardias rojos, un oficial y un soldado, se mantenían de pie, empuñando un revólver; otro soldado se hallaba sentado en una mesa con pluma y papel. Por todas partes resonaba el grito: "¡Todos fuera! ¡Todos fuera!", y poco a poco toda la tropa comenzó a franquear la puerta hacia el exterior, empujándose, refunfuñando, protestando. Cada uno de los soldados era detenido y registrado, se le vaciaban los bolsillos, se miraba por debajo de su capote. Se le recogía todo lo que "no era ostensiblemente suyo", el secretario tomaba nota y el objeto era llevado a una pequeña habitación vecina.
John Reed. Diez días que estremecieron al mundo (1919).
  • LA NEP:
“Hemos avanzado demasiado en la nacionalización del comercio y de la industria, en el bloqueo de los intercambios locales. ¿Era un error? Cierto. Podemos admitir en cierta medida el libre intercambio local, sin destruir el poder político del proletariado sino, al contrario, consolidándolo. (...) El campesino puede y debe trabajar con celo en su propio interés puesto que ya no se le pedirán todos sus excedentes sino solamente un impuesto, que es necesario fijar cuanto antes de antemano. Lo fundamental es que el pequeño campesino esté estimulado, impulsado, incitado.”
Discurso de Lenin en el X Congreso. 1921.
  • ESTALINISMO. COLECTIVIZACIONES:
«Stalin decidió en 1928 la liquidacn del kulak (campesino como clase) y de la colectivización de los campesinos pobres y medios. Los kulaks se resistieron y se entabló una lucha feroz. Durante el invierno de 1929-1930, la sexta parte del mundo conocido soportó una verdadera guerra civil. Centenares de millares de familias fueron desposeídas de sus bienes y desterradas al norte.
En los pueblos, los que permanecían se adherían en masa a los koljoses, pero primeramente sacrificaban sus animales antes de cederlos a las granjas colectivas. El valor de esta experiencia comunista era casi nulo; puesto que no se inscribían en los koljoses sino obligados y forzados bajo una formidable presión económica y administrativa.
Allá donde se producía alguna vacilación se enviaba a la tropa, junto a agitadores. Hubo centenares de revueltas, mucho más graves en el Cáucaso y Siberia ( ... ).
Más del 60% de las familias campesinas están hoy día agrupadas en koljoses; en las tierras más productivas, como el Kouban, no quedan. Por decirlo así, más explotadores individuales. Estos koljoses son, en su mayoría, artels, es decir, asociaciones sólo
de los medios de producc
ión: tierra, útiles, animales de labor y mano de obra son puestos en común, conservando cada familia su casa y su cercado.»
G. Luciani: Six ans à Moscou. Pas, 1937.
  • ESTALINISMO. PURGAS:

«Desde mis años jóvenes había comenzado mi trabajo bajo la dirección de Vladimir Ilich Lenin; me instruía a su lado, desempeñaba las tareas que él me encomendaba ( ... ). y he aquí que en 1937, camaradas, yo corrí la suerte de muchos. Ocupaba un puesto de dirección en el comité regional del Partido en Leningrado y, naturalmente, fui arrestado también ( ... ); sentí un inmenso terror no por mí mismo, sino por el Partido. No podía comprender por qué motivo se arrestaba a los viejos bolcheviques ( ... ).
Ni al instante, ni durante dos años y medio de prisión, ni cuando se me envió luego deportado a un campo (donde he pasado 17 años), había acusado entonces a Stalin ( ... ). Apreciaba a Stalin, sabía que él había poseído grandes méritos antes de 1934, y lo defendía.
Camaradas, heme aquí de vuelta, enteramente rehabilitado. Era el momento justo en el que se desarrollaba el XX Congreso del Partido. Fue aquí donde supe, por primera vez, la cruel verdad sobre Stalin.
El gran mal causado por Stalin no estaba solamente en el hecho de que muchos de nuestros mejores (miembros) hubiesen desaparecido, sino en que reinaba la arbitrariedad, en que se fusilaba sin juicio, en que los inocentes eran arrojados a la prisión. Toda la atmósfera creada entonces en el Partido era contraria al espíritu de Lenin, era su disonancia.»
Testimonio de un prisionero en el XX Congreso del PC de la URSS. 1961.

Comentarios

Hola a todos

Nos gustaría animaros a participar en el Premio Internacional Educared 2011. Este año, por primera vez, se pueden presentar todo tipo de trabajos que supongan una aplicación pedagógica de las TIC, independientemente de la herramienta con la que hayan sido creados.

Las modalidades de participación son:

A. Docente con alumnos

Ejemplos: blogs escritos por los estudiantes, wikis, webs o trabajos en la nube en los que participe activamente el alumnado, etc.

B. Docente sin alumnos

Ejemplos: blogs escritos por el docente, comunidades en las que el profesorado debate temas de interés común, diseño de actividades para PDI o ejercicios interactivos, etc.

C. Laboratorio de herramientas

En esta modalidad podrán participar docentes con o sin un grupo de alumnos. Se podrán presentar proyectos que supongan un trabajo de I+D+i para la creación de sus propias herramientas, aplicaciones y/o widgets, como, por ejemplo, aplicaciones para el aula de realidad aumentada, aplicaciones para dispositivos móviles o tabletas digitales, etc.


El Jurado valorará los trabajos desde el punto de vista pedagógico. Por eso, se tendrán que acompañar obligatoriamente una memoria descriptiva, que supondrá el 50% de la valoración final. Esta memoria se podrá cubrir on-line a través de un sencillo formulario instalado en la web del Premio Internacional Educared.


Para inscribirse y consultar más información: http://www.educared.org/premiointernacional

Un saludo,

Organización del Premio Internacional Educared 2011
Correo electrónico: premiointernacional@educared.org
Teléfono: 902.905.144
+34.981.975.621

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