Para empezar el tema del Islam y al-Ándalus


El legado de al-Ándalus es evidente en muchos aspectos culturales de España y Andalucía: la gastronomía, la agricultura, el lenguaje, los monumentos, las fiestas de moros y cristianos.... Vamos a empezar por el final: por la expulsión de los moriscos, que tuvo episodios por nuestras tierras, por si no lo sabías:
"Venida al alba, los de la ciudad estando sobre las armas acordaron de ir a dar una vuelta sobre Galera; y para que la gente estuviese apercibida se tocaban cajas, y las trompetas de la caballería. Luego vino noticia de que Orce se había levantado entrándole gente de socorro, y que en sus torres tenia banderas moras. Quisieron los cristianos ir a Orce inmediatamente, y estando para salir tocaron a misa de nuestra Señora las campanas de la iglesia mayor. Los del Maleh, que estaban emboscados esperando a que se abriesen las puertas de la ciudad para entrar en ella de tropel, luego que oyeron las campanas, las cajas y trompetas , creyeron haber sido sentidos en la ciudad , y para que no los cogieran desapercibidos se salieron a lo raso de las viñas, que era parte muy segura para que los caballos no les pudieran dañar. Luego que los cristianos de Huéscar principiaron a salir por las puertas descubrieron las banderas del Maleh, teniendo por milagro aquel suceso: ya era el día claro, y gritando todos "arma, arma, moros, moros", salieron caballeros y peones valerosamente para lanzar de allí a los moros; pero estos eran todos tiradores, y por las viñas , no pudiéndoles entrar los caballos, peleaban a su salvo y con ventaja. Los mas esforzados y que mayor daño hacían eran los turcos; con todo eso fue tan grande el valor de los cristianos, que mataron mas de mil moros; y a los otros apretaron tanto, que los empujaron hasta el mismo pueblo de Galera, donde haciéndose fuertes, se trabó de nuevo una grande y sangrienta batalla. Mientras pasaba esto, los cristianos que quedaron de guarnición en la ciudad, teniendo aviso de que algunos del bando del Maleh habían entrado en los arrabales, y pensando que algunos estarían escondidos en la Morería, dieron contra ella furiosamente diciendo: «Este es el día en que no ha de quedar vivo ningún moro,» y principiaron a matar, herir, robar, y pegar fuego a las casas por todas partes de modo que causaba suma compasión ver aquella crueldad que ejercían los cristianos encolerizados contra los moros: Huéscar parecía otra Roma ardiendo. Por caso dos soldados entraron en la casa de un moro rico , como es costumbre buscar las casas mas apuestas en tales ocasiones , y después de haber saqueado lo mejor de ella, y destruido lo demás, hallaron una joven mora , que era la mas hermosa de todo el contorno: los dos, codiciosos de tal presa, la echaron la mano, diciendo cada cual que era suya; y disputando sobre quién se la había de llevar, sacaron las espadas, tomadas ya de la sangre de los moros que habían muerto, para ofenderse. A esta sazón llegó allí otro ruin soldado y de malísimas costumbres, que viendo a los dos repuntados y próximos a matarse por la bella mora, discurrió que para ponerlos en paz no había otro remedio mejor que quitar de delante la ocasión de la pelea; y así se acercó a la hermosa doncella, y con una crueldad horrible la dio dos puñaladas en el pecho, de que al punto cayó muerta, moviendo piedad al mismo cielo. El villano, después de haber ejecutado esta atrocidad, dijo fríamente: «No es justo que dos soldados tan honrados y valientes se pongan a punto de quitarse la vida por una mujer que vale tan poco.» Viendo muerta la doncella tan sin culpa y con tanta crueldad los dos soldados, impelidos de saña contra el matador, le acabaron a estocadas, diciendo; «No quedarás sin la pena de la maldad cometida, villano atroz, que has privado a la tierra de la mayor merced que la hizo el cielo, criando esta hermosura;» y en seguida se salieron de la casa desconsolados, dejando muerto al ruin asesino, que era natural de la Puebla de D. Fadrique, y junto del a la hermosa doncella, que parecía un ángel después de muerta. A este tiempo el corregidor con mucha gente armada iba sacando a los cristianos de la Morería, llevándose a unos presos, e imponiendo a los demás que no saliesen de allí prontamente pena de la vida, con lo cual se cortó el daño, aunque el remedio llegó tarde, porque ya toda la Morería estaba ardiendo, y no alcanzó ninguna diligencia para apagar el fuego. Apaciguada esta guerra civil se halló el cuerpo de la hermosa mora, y se expuso en la plaza, donde a todos causó su muerte profundo dolor, admirándose de su belleza , y maldiciendo la villana mano del matador. Movido a piedad de la doncella el corregidor, y maravillado de su hermosura, la mandó enterrar honradamente, y que encima de su sepulcro se pusiera una losa blanca con el siguiente
EPITAFIO.
Quiso mi gran desventura,
 y el hado terrible y fuerte, 
que se me diera la muerte,
por mi grande hermosura.
 Voluntad fue de un villano
que yo muriese temprano
por quitar una contienda,
y mi muerte fue la ofrenda
de un caso tan inhumano."
Ginés Pérez de Hita, Guerras Civiles de Granada.


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