HISTORIA Y GEOGRAFÍA

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miércoles, 22 de octubre de 2008

El pacto de Ostende: la crisis de la monarquía de Isabel II


"... después de una breve discusión [...] se acordó por unanimidad lo siguiente:

1º.- que el objeto y bandera de la revolución en España es la caída de los Borbones.

2º.- que siendo para los demócratas un principio esencial el sufragio universal y admitiendo los
progresistas el derecho del plebiscito, la base de la inteligencia de los dos partidos fuera que por un plebiscito, o por unas Cortes Constituyentes elegidas por el sufragio universal, se decidiría la forma de gobierno que se había de establecer en España, y hasta que así se decidiese había de ser absoluta la libertad de imprenta y sin ninguna limitación el derecho de reunión, para que la opinión nacional pudiese ilustrase y organizarse convenientemente; sin que el gobierno provisional, que saliera de la revolución, pudiera influir como tal en la resolución de la cuestión fundamental; sin perjuicio de que las personas que lo compusieran pudieran sostener privada y públicamente sus opiniones individuales.

3. Que se reconocía como jefe y director militar del movimiento al general Prim."
Manifiesto de don Carlos María de la Torre sobre lo que se acordó en el Pacto de Ostende en 1866

Ya que también tenemos el texto del manifiesto de Manzanares, lee los dos textos, analiza las diferencias esenciales, y explica que ocurrió para que se llegara a esta situación previa a la "Gloriosa Revolución" de 1868.

1 comentario:

José Julio Martínez Valero dijo...

Podemos contextualizar el documento en el periodo final de la monarquía de Isabel II. Si bien todo el reinado estuvo marcado por la inestabilidad política, en el periodo que va de 1863 al 1868 se produjeron una serie de crisis tanto políticas como económicas que demostraron la debilidad del liberalismo y la economía española y que llevarán a la quiebra final de la monarquía por causa de la “Gloriosa revolución”.
En cuanto a la situación económica, se llega al fin de la buena coyuntura que había marcado el reinado, y tendremos una crisis general que se manifiesta en varios niveles:
-Crisis financiera, provocada por la bajada de las acciones del ferrocarril una vez que se ha concluido la red viaria y se comienza su explotación. Su explotación no era rentable y los inversores perdieron su dinero. El valor de la deuda pública del Estado también se desplomó, y la crisi también hizo que las entidades financieras cerraran el crédito, extendiéndose la alarma.
-Crisis industrial, que se manifestó sobre todo en el sector textil catalán, ya que la guerra de Secesión de EE.UU. encareció el algodón. La subida de precios y la escasa demanda provocaron cierres y paro.
-Crisis de subsistencias, debido a las malas cosechas que hicieron que el trigo escaseara, subiendo su precio y el de otros produztos básicos. Esto provocó hambre y oledas de protestas tanto en el campo como en la ciudad.
En el terreno político, el descontento hizo empeorar la situación. Los gobiernos actuaban de forma represiva, como en los casos de la noche de San Daniel (1865), del levantamiento los sargentos del cuartel de San Gil (1866), duramente reprimidos por los gobiernos de la Unión Liberal de O'Donnell, y posteriormente los moderados de Narváez gobernaron por decreto y cerrando las Cortes, sin dar solución a los problemas del país.
El Partido progresista, dirigido por Prim desde el exilio, no podía acceder al poder por los medios legales, por lo que se vio abocado a la vía insurreccional junto con el Partido Demócrata. Ambos son los firmantes del Pacto de Ostende, acuerdo político que aquí se nos presenta como un manifiesto destinado a fijar y exponer al público las intenciones de los sublevados, que se encontraban la mayoría en el exilio. Se trata de una fuente primaria para el conocimiento directo de los hechos. La fecha en la que se escribe y se firma por los miembros de los partidos Progresista y Demócrata es 1866, en la ciudad belga de Ostende y en el podemos ver que se comprometen a acabar con la monarquía isabelina ( punto 1), aunque dejan para unas elecciones posteriores a Cortes Constituyentes (punto 2) la forma de gobierno que se debía establecer, ya que en el partido demócrata existían partidarios de la república. Estas elecciones se realizarán por sufragio universal (masculino, se entiende), otra aportación del Partido Demócrata. Estas elecciones deben convocarse en un clima de libertad de prensa, para que todos puedan hacer campaña, cosa que no ocurría durante el reinado de Isabel. Como jefe del movimiento se reconoce a Prim (punto 3), militar que había participado en las guerras exteriores del periodo de la Unión Liberal y en otros intentos de sublevación, y promotor en gran medida del acuerdo. Al pacto se unen en Bruselas en 1867 (fecha y lugar en que se escribe el manifiesto que aquí se nos presenta) los miembros de la Unión Liberal una vez que O'Donnell, fiel a la monarquía, había fallecido. Esta unión aportó el apoyo de altos mandos del ejército, pero contrarrestó el carácter social y popular que habían aportado los demócratas.
Una vez fijados los acuerdos y objetivos, y desaparecida la figura de Narváez, que había fallecido, la revolución se iniciará en septiembre de 1868 con la sublevación de la escuadra en Cádiz bajo las órdenes del brigadier Topete, bajo el lema “Viva España con honra”. Tras la derrota de las tropas isabelinas en Alcolea y el exilio de la reina dará lugar al periodo democrático conocido como el “Sexenio”, en el que se incluyen un gobierno provisional, la monarquía de Amadeo de Saboya, y la I República.

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