HISTORIA Y GEOGRAFÍA

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jueves, 24 de noviembre de 2011

Proceso de desamortización y cambios agrarios

1.-Contexto económico y político

Durante el siglo XIX la actividad económica más importante en España era la agricultura, ya que en ella se empleaba la mayoría de la población y de ella salía la mayoría de la riqueza. Pero se encontraba en una situación de atraso por la ausencia de innovaciones y sobre todo por la distribución de la propiedad, esencialmente señorial. Todo esto hacía que el rendimiento fuera muy bajo.

Ya desde el siglo XVIII ilustrados como Jovellanos habían denunciado la situación, pero fue durante la implantación liberalismo cuando se inició una reforma de la propiedad de la tierra que implicaba la desaparición de las formas propias del Antiguo Régimen para consolidar la propiedad privada y su libre disponibilidad para el mercado, según una economía capitalista. Estas reformas comienzan ya con Godoy, y continúa con las Cortes de Cádiz y el Trienio Liberal, que abolieron el régimen señorial y la vinculación de la tierra, e iniciaron la incorporación de bienes eclesiásticos al Estado. Pero será tras la subida al poder de los liberales progresistas durante el reinado de Isabel II cuando se tomen las medidas que conduzcan a una reforma agraria liberal, iniciada por Juan Álvarez Mendizábal y continuada en el bienio progresista (54-56) por Madoz. (Repasar tema de Isabel II)



Durante el gobierno de los progresistas, con Mendizábal a la cabeza, se realizan las siguientes medidas desde 1836:

-Disolución del régimen señorial: la tierra pasaba a ser propiedad privada, sin conllevar jurisdicción alguna (cobro de derechos, impartición de justicia...)
-Supresión de los mayorazgos, por los que las tierras estaban vinculadas al primogénito familiar, sin que pudiera dividirlas. Con esta medida ya podían dividir y vender sus tierras.
-Desamortización, que consistía en la disolución de las órdenes religiosas no asistenciales y la incautación de sus tierras por parte del Estado para venderlas posteriormente en subasta pública, pudiendo pagarse con títulos de deuda pública.


Se pretendía con estas medidas:
-financiar al ejército liberal, que luchaba contra los carlistas (I guerra carlista),
-recuperar deuda pública y aminorar el déficit del Estado,
-crear una base de propietarios partidarios del régimen liberal,
-y a largo plazo, mejorar la agricultura, ya que tierras que estaban en “manos muertas” pasarían a estar en propiedad de personas emprendedoras.

Las reformas se frenaron con los moderados, pero durante el bienio progresista se da una nueva Ley Desamortizadora (1855). Promovida por Pascual Madoz, esta desamortización afectó a bienes de la Iglesia, del Estado y de los Ayuntamientos. Entre estos últimos se encontraban los bienes de propios, tierras de las que los ayuntamientos obtenían rentas a cambio de su explotación, y comunales, tierras que eran aprovechadas por los habitantes del municipio, normalmente bosques o pastos. Los objetivos eran de nuevo captar recursos para sanear la Hacienda, y financiar la construcción del ferrocarril.


2.-Efectos de la reforma agraria

-Con estas medidas la tierra pasó a ser una propiedad privada, susceptible de venderse y comprarse libremente en un sistema económico liberal o de mercado. Muchos edificios y parcelas cambiaron de dueño, y aumentó el número de propietarios.

-Los antiguos señores perdieron sus antiguos derechos pero se convirtieron en propietarios de la tierra. La situación de los campesinos mejoró poco, ya que ellos no eran los propietarios de las tierras que tradicionalmente cultivaban, convirtiéndose en arrendatarios, que cultivaban a cambio de pagar una renta con contratos muchas veces más desventajosos que con las rentas señoriales,  o en algunos casos pasaban a ser jornaleros. Las malas condiciones de vida de estas clases, que eran mayoría, constituyeron un problema de la Historia de España que se extendería hasta el siglo XX.

-La idea de una auténtica reforma agraria no se consiguió, ya que los medianos y pequeños campesinos no fueron los que accedieron a la tierra. Los que las compraron fueron quienes ya tenían recursos, pertenecientes a la alta burguesía y nobleza, que estaban interesados en vivir de las rentas que les proporcionarían las tierras, y no el cultivarlas de manera rentable y profesional, por lo que se reafirmó la concentración de la propiedad en pocas manos, especialmente en Andalucía, Extremadura y la Mancha.

-La estructura de la propiedad no favoreció la modernización: los minifundios (pequeña propiedad) de Galicia y submeseta norte no producían excedentes, iban destinados a un autoconsumo familiar que no podía permitirse la modernización ni destinar productos al mercado; y en los latifundios (gran propiedad) de Castilla, Extremadura y Andalucía, los propietarios obtenían beneficios de las rentas y de producir mucho porque tenían mucha tierra y mano de obra, pero sin introducir mejoras técnicas. Las malas condiciones laborales en el campo y el difícil acceso a la tierra por parte del campesinado,  hicieron que la gran masa de campesinos y jornaleros reivindicara mejoras en sus condiciones durante todo el siglo XIX.

- Cumplió algunos de los objetivos de los liberales: financiar la guerra contra el carlismo, mejorar la Hacienda, contribuir al menos un poco a la creación del ferrocarril, el mercado interno y la industria, y poner tierras en manos de individuos que de otra forma no podrían haber accedido a ella y que estaban interesados en comercializar la producción.

3.-Cambios agrarios

Como consecuencia más importante de todo el proceso en la producción agrícola y ganadera, tenemos que se puso en cultivo más tierra de la que había hasta el momento, permitiendo una mayor producción agrícola, a pesar de que las condiciones geográficas (relieve, clima, suelos…) tampoco eran buenas.

El principal producto fueron los cereales (80 % de las tierras cultivadas) y la vid, que se convirtió en producto de exportación. También el maíz, la patata, el olivo... Este aumento de producción tuvo su reflejo en el crecimiento de la población. Pero tenemos que considerar que este aumento de producción no se basó en mejoras técnicas (uso de abonos, semillas, maquinaria...), sino en el incremento de la superficie cultivada, por lo que la agricultura española seguía estando atrasada, con bajos rendimientos.

En la ganadería, se redujo en cambio la ovina,  por la pérdida de demanda de la lana frente al algodón, la eliminación de privilegios de la mesta y la roturación de tierras para el cultivo, mientras que aumentó la cabaña porcina.

4.- Conclusión

A finales del XIX España mantenía una economía predominantemente agrícola que no logró ser el motor de la modernización que se había producido en otros países europeos. A la mala situación agrícola hay que unir:

-el escaso y mal repartido desarrollo industrial, donde destacaban: la industria textil en Cataluña, muy dependiente del proteccionismo; y la siderúrgica, primero en Andalucía, donde decayó a mediados de siglo, luego en Asturias, que mantuvo la hegemonía hasta los setenta, y finalmente en el País Vasco, donde la llegada de coque galés hizo que esta región ganara en competitividad a Asturias),

-malas condiciones geográficas (situación periférica, relieve, cursos de agua, clima, suelos...) y falta de recursos energéticos,

-unas malas comunicaciones que el ferrocarril no resolvió y que no permitieron articular el mercado interno,

-una escasa demanda interna debido a la pobreza de la gran mayoría de la población,

-y una situación política muy inestable que no ofrecía buenas expectativas a la inversión.

Tenemos por tanto una economía y un mercado atrasados con respecto al resto de Europa.

Si el campo se hubiese modernizado, habría producido más, los precios habrían bajado, por lo que una mejor alimentación habría hecho aumentar la población. Los beneficios producidos en la agricultura podían haberse destinado a la inversión en otros sectores como la industria. Además, al modernizarse y utilizar mejores herramientas y maquinaria, habría hecho falta menos gente trabajando en el campo para producir lo mismo, por lo que ese excedente de mano de obra habría podido constituir la mano de obra de la industria, que estaría más desarrollada al poder contar con capitales provenientes del campo. (Ver esquema del libro pág. 170).

Muchos historiadores consideran que la reforma agraria fue un fracaso, ya que no fue capaz de producir capitales ni mano de obra para realizar el salto industrial. Tampoco cumplió las expectativas del cambio de estructura de la propiedad, lo que dejaría a la reforma agraria sin concluir, produciéndose más tarde intentos de cambio, siendo el más serio el de la II República.
         
Pero eso no significa que fuera un completo fracaso, ya que hemos visto que si obtuvo algunos logros, como financiar el proyecto liberal y un crecimiento de la producción, aunque sin modernización de las técnicas.

1 comentario:

José Julio Martínez Valero dijo...

Añado a las malas condiciones para la modernización económica la permanente inestabilidad política de nuestro siglo XIX (27/11/12)